Tras terminar el discurso del representante de los nuevos estudiantes, la ceremonia de ingreso continuó un poco más.
No hubo nada particularmente especial.
Avisos breves, presentación del profesorado, orientación sobre las instalaciones… eran los típicos asuntos que se explican el primer día de clases.
Si había algo digno de prestar atención, sería la parte relacionada con la asignación de dormitorios.
La noticia de que se podía ingresar a las habitaciones desde hoy mismo era bastante útil.
Significaba que ya no hacía falta alojarse en una posada y que podía establecerse directamente en la academia.
‘Así que, por fin… la obra original estaba comenzando.’
Fue en ese momento cuando lo sentí con claridad.
[ “Con esto damos por concluida la ceremonia de ingreso de la Academia Gallimard.” ]
[ “Les deseamos a todos mucho éxito.” ]
Con las palabras de aliento del director, el evento llegó a su fin.
Los estudiantes comenzaron a abandonar el auditorio poco a poco.
Yo también me dejé llevar por la corriente.
Mientras avanzaba, una voz repentina hizo que girara la cabeza.
“¡Joven maestro Snake!”
“¡Por aquí!”
Una chica con gafas de piloto de cabello rosa y otra chica semihumana zorro de cabello carmesí.
Eran Legia Pilots e Irene Foxys.
Parecía que habían estado esperándome, pues rondaban cerca del auditorio.
Les devolví el saludo con una gran sonrisa y agité la mano.
“Así que ambas estaban esperándome. Qué conmovedor…”
El título de primer lugar en la clasificación me había caído de repente.
La situación inesperada me tenía algo irritado, pero al verlas, ese malestar se disipó como si nada.
No hay nada mejor que mis personajes favoritos del juego dándome la bienvenida.
¿No era acaso este el sueño de todo fan exitoso?
“¿De qué hablas? Fuiste tú quien nos dijo que esperáramos.”
“¡Jamás imaginé que me cuidarían con tanto esmero! ¿Será que ya somos todos amigos?”
“No, hace un momento tú…”
«¡Gracias, Irene! Estoy profundamente agradecido.»
“……Olvídalo.”
A pesar del intento de Irene de estropear el momento, decidí ignorarla sin más.
“Entonces, ¿regresamos?”
Ya que los dormitorios estaban abiertos, pensaba echar un vistazo a la habitación asignada.
Si había algún problema, era mejor detectarlo cuanto antes.
Dado que la academia era tan grande como una pequeña ciudad, también conviene familiarizarse con el camino hacia los dormitorios.
Era una distancia incómoda como para recorrerla sin carruaje.
Así que, los tres nos dirigimos hacia la parada más cercana.
Legia e Irene, al haberse conocido recién hoy, aún mostraban cierta incomodidad entre ellas.
Decidí aliviar el ambiente con un poco de charla casual.
“Entonces… ¿qué les pareció mi discurso?”.
Me había parecido un discurso bastante decente, digno de un drama juvenil, así que tenía curiosidad por saber qué pensaban los demás.
“¿E-eh? ¿Q-qué?”
“¿Por qué te sorprendes tanto? Solo pregunté sin mala intención, puede responder con tranquilidad.”
“A-ah, sí, sí… e-el discurso del joven maestro, ¿v-verdad…?”
La reacción de Legia era extraña.
En cuanto recibió la pregunta, se quedó rígida, como si se hubiera averiado, y empezó a tartamudear.
¿Qué pasaba? ¿Había algún problema?
“¿Señorita Legia? ¿Se encuentra bien?”
“E-eh… ¡f-fue, fue increíble! El discurso del joven maestro… d-digamos que me llegó al corazón.”
“¡Jaja! Es un honor recibir tal valoración.”
Dicen que los elogios hacen bailar hasta a las ballenas.
No sé nada de ballenas, pero parece que pueden hacer bailar a una serpiente. Sentía que podía empezar a bailar claqué en cualquier momento.
( Nota del traductor: El “Claqué” es un estilo de baile (tap dance) en el que se golpea rítmicamente el suelo con los pies, usando zapatos con chapas metálicas, asociado a musicales y a una expresión exagerada de alegría. )
Mientras tarareaba de buen humor, Irene me observó con una mirada fastidiada.
“Tú de verdad…”
“¿Eh? ¿Qué ocurre, señorita Irene?”
“…Nada.”
“¿Hmm?”
“Solo mira al frente y camina. ¿Qué harías si te caes?”
“Vaya, ¿Te preocupas por mí? ¿Por fin me estás abriendo tu corazón?”
“Ni lo sueñes.”
“¡Qué cruel…!”
Un intercambio infantil, pero animado.
Así, entre charlas sin importancia, de pronto sentí una mirada clavarse en nosotros.
“…¿?”
Alguien estaba de pie, bloqueando el camino.
¿Qué era esto? Al alzar la vista, lo que vi fue una chica que brillaba de manera deslumbrante.
De mis labios escapó un sonido atónito.
“…Oh.”
Era una apariencia bastante familiar.
Cabello platino que caía hasta los hombros. Ojos azules que reflejaban el mundo con transparencia.
“Hola.”
Un saludo pronunciado con ligereza.
Incluso su voz poseía un aire misterioso, sereno como el mar al amanecer.
Yo conocía a esta chica.
La otra protagonista del juego original “El mundo del Principito”.
El personaje jugable más votado por los usuarios, inspirada en el Principito.
‘Charlotte.’
La primera princesa del imperio, Charlotte Little von Stauffen.
En la obra original había ingresado a la academia como la mejor estudiante, pero debido a mí había sido relegada al segundo puesto.
Me arrodillé de inmediato.
“Es un honor encontrarme con la estrella del Imperio.”
“Mm. Encantada de conocerte.”
Charlotte asintió con la cabeza.
Su forma de hablar era despreocupada, un rasgo característico de su personalidad excéntrica.
Empecé a pensar con cautela.
Charlotte no solía interesarse demasiado por los demás.
Era raro que se acercara primero a alguien.
¿Había ocurrido algo? ¿Vendría a presionarme por haberle arrebatado el primer lugar?
‘…No, eso no tenía sentido.’
Charlotte no se obsesionaba con las calificaciones.
Más bien, no se aferraba a nada en este mundo, salvo por su preciada “rosa”.
‘Entonces… ¿por qué?’
Era alguien tan impredecible que resultaba difícil adivinar sus motivos.
Mientras me mantenía rígido, fue ella quien habló primero.
“Solo vine. Tenía curiosidad.”
Charlotte dio un par de golpecitos en la coronilla de mi cabeza y luego me la acarició, como si nada.
Ante su repentina acción, todos quedaron con signos de interrogación en el rostro.
“Tu cabello… es suave.”
“¿Perdón?”
“Entonces, adiós. Nos vemos luego.”
—……¿?
Dicho eso, se dio la vuelta como si ya hubiera terminado lo que tenía que hacer.
Una chica que aparece de repente, saluda y se marcha sin más. Ante un flujo de conversación que jamás había experimentado, mi mente se quedó en blanco.
¿Qué…?
¿Qué fue exactamente lo que me acaba de pasar? ¿Esto fue una especie de tocar el timbre y huir? ¿O más bien saludar y desaparecer?
Todo ocurrió tan rápido que ni siquiera tuve tiempo de sentirme confundido.
¿Así es como funciona el “estilo Principito”?
Me quedé rígido por un momento, aún aturdido, pero Charlotte ya se alejaba a lo lejos.
«Quizá… ¿soy demasiado tonta para seguir la conversación?»
“¿E-eh? E-entonces… s-supongo que yo también soy tonta…”
Al parecer, la zorra y la piloto estaban igual de desconcertadas que yo.
Yo, que seguía arrodillado, solté una risa seca.
Se suponía que era un momento histórico: el encuentro con un nuevo personaje importante, pero se fue antes de que pudiera siquiera emocionarme.
“Bueno… supongo que ese tipo de cosas también forman parte de su encanto.”
Me sacudí el polvo y me puse de pie.
Sentía miradas furtivas alrededor, pero decidí ignorarlas sin darle importancia.
“¿Nos vamos?”
Di un paso al frente en silencio.
Las dos que estaban absortas en sus pensamientos se despertaron de golpe y me siguieron.
‘A todo esto…’
¿Qué era exactamente lo que intentaba decir Charlotte?
Dijo que tenía curiosidad por algo, pero… no llegó a explicarlo. Si iba a empezar hablar, bien pudo terminar la frase.
Caminé mientras reflexionaba sobre esa pregunta insípida.
***
El carruaje de la academia nos llevó hasta el área de los dormitorios.
Lo que nos esperaba era una hilera de edificios dignos de una mansión… no, quizá incluso más grandes.
Instalaciones de una calidad imposible de comparar con academias comunes.
Como era la primera vez de todos en Gallimard, no podían ocultar su asombro.
Legia miraba por la ventana, completamente absorta, e Irene, aunque fingía indiferencia, no dejaba de observar el paisaje.
Claro. Una vista así no se ve en cualquier lugar.
Después de todo, era una academia del tamaño de una ciudad, capaz de albergar hasta cinco mil personas.
Sentía cómo el pecho se llenaba de emoción.
Y no, yo tampoco era la excepción.
Había visto ese escenario incontables veces en el juego, pero presenciarlo en persona era una experiencia totalmente distinta.
Me sentí abrumado sin poder evitarlo.
Clonc, clonc—.
Tras avanzar un poco más, por fin llegamos al dormitorio asignado.
Más concretamente, el lugar donde Irene y yo nos quedaríamos.
El edificio asignado a Legia estaba un poco más alejado.
Por eso, nosotros bajamos primero del carruaje. Le levanté la mano a modo de despedida.
“Fue un placer hoy, señorita Legia.”
“Igualmente… Si no hubiera sido por usted, joven maestro, creo que me habría sentido muy sola en la ceremonia. De verdad, muchísimas gracias.”
“Hehe… espero que sigamos llevándonos bien.”
Dije eso mientras dejaba escapar una pequeña mentira.
“Volvamos a vernos. Amiga mía.”
“¿A-amiga…?”
“Sí. Amiga.”
Después de todo, hemos pasado juntos incluso el examen de ingreso, ¿no?
Al susurrarle eso con calma, la expresión neutra de Legia empezó a iluminarse poco a poco.
Era una frase pensada para ganar afinidad, y por suerte parecía haber funcionado.
Legia asintió, tratando de ocultar la sonrisa que se le escapaba.
“¡Sí! ¡Hasta la próxima…!”
“¡Heeheehing!”
Con la despedida de la chica, el carruaje volvió a ponerse en marcha.
Mientras observaba su figura alejarse, sentí una mirada inquisitiva a mi lado.
“¿Por qué me mira así, señorita Irene?”
“No es nada… Solo que estabas sonriendo de una forma particularmente inquietante. Pensé que quizá estabas tramando algo.”
“¿Qué cree usted que soy?”
“Alguien en quien no se puede confiar.”
“Vaya. Qué triste. Las lágrimas ya me nublan la vista.”
Me sequé los ojos fingiendo llorar. Por supuesto, no funcionó en absoluto.
“Dejando eso de lado… ¿qué le pareció?”
“¿De qué hablas?”
“De la señorita Legia. ¿No cree que es una buena persona?”
“Se ve bastante ingenua.”
“Es joven, después de todo. Aún no ha aprendido a ocultar lo que siente, así que su lado inocente se le nota demasiado…”
“Tú también eres joven.”
Irene soltó esa frase sin rodeos. Yo le respondí mirándola de frente.
“Puede ser… pero no parezco ingenuo, ¿verdad?”
En la comisura torcida de mis labios se dibujó una sonrisa retorcida.
Ella me observó un instante y luego apartó la mirada, como si hubiera llegado a una conclusión.
“……No. Definitivamente no lo pareces.”
¿Eh? Esto duele más de lo que esperaba.
Es cierto que lancé la pregunta esperando esa respuesta, pero aun así, escucharla directamente dolía.
¿Desde cuándo está bien juzgar a alguien por su cara?
Maldito mundo superficial.
Algún día lo pondré todo patas arriba.
Mientras meditaba sobre mi tristeza, de pronto recordé algo.
“Acabo de recordar algo.”
“¿Qué cosa?”
“La habitación que me asignaron probablemente sea la más grande de toda la academia.”
La Academia Gallimard funciona, en esencia, con un sistema de reparto según la clasificación.
Cuanto más alto es tu puesto, mayores son los beneficios y mejor la calidad de vida.
Los dormitorios no son la excepción.
“Al ser la habitación del primer puesto, será enorme. ¡Y eso tiene una gran ventaja!”
“¿Ventaja?”
“Que habrá muchísimo que limpiar. Es decir, a partir de ahora, todo eso será trabajo exclusivo, individual y lleno de entusiasmo para usted, señorita Irene.”
“……¿Y eso se supone que es algo bueno?”
“Para mí sí. Total, no soy yo quien va a limpiar.”
“…………”
Un teabagging ejecutado sin parpadear.
( Nota del Traductor: Básicamente expresa una humillación hecha con estilo, al puro modo gamer coreano. )
La expresión de Irene se torció visiblemente. Seguimos caminando mientras discutíamos de forma infantil.
***
Tras el bullicioso día de la ceremonia de ingreso, se nos concedió una semana de descanso.
Todas las actividades formales de la academia comenzarían después del examen de asignación de clases. En otras palabras, durante varios días no habría ningún horario fijo.
Era una consideración por parte de la academia hacia los nuevos estudiantes, que aún no estaban familiarizados con el entorno.
Yo lo recibí con los brazos abiertos.
De hecho, hace tiempo tenía ganas de recorrer la academia.
El lugar que más había anhelado durante los últimos tres años.
Pensar que por fin cumpliría ese deseo hacía que mi corazón se acelerara.
Así, con ánimo de excursión, estaba recorriendo distintos rincones del campus cuando…
“¡Oye tú! ¿Estás escuchando lo que te digo?”
“…………”
“¡No sé cómo alguien como tú terminó siendo el primero en la clasificación, pero no actúes con tanta arrogancia!”
Y así, de forma inesperada, me encontré con otro problema.