Capítulo 8: Zorro (4)

«¿Me dejarías domarte?»

La voz resonó en el pasillo oscuro.

Ante mi propuesta, Irene frunció el ceño.

«… ¿Qué?»

Quizá por la situación extrema en la que se había encontrado hace unos momentos, la chica me miró con ojos feroces, pero sonreí comprensivamente.

Ganarse su confianza era la prioridad ahora, al fin y al cabo, pronto sería una de los míos.

«Cuidare de ustedes, así que los ayudaré a escapar de este lugar infernal.»

«¿Cuidarnos?… No entiendo lo que dices.»

«Tómalo literalmente.»

«¿Quiere decir que nos ayudarás a salir de aquí…?»

«Así es.»

Asentí con seguridad, intentando transmitirle que podía confiar en mí.

El rostro de Irene era una mezcla de confusión y cautela, sus ojos negros aún estaban cargados de tensión.

Bueno, tenía sentido, sería extraño que alguien que hace un momento irradiaba intención asesina de repente se comportara con amabilidad.

Quizá fui demasiado duro al asustarla.

«Por favor, perdona mi descortesía anterior.»

Ofrecí una disculpa sincera.

Al oír esto, Irene se estremeció ligeramente y luego hizo algunas preguntas más.

«… No entiendo. ¿Por qué nos ayudas?»

«Digamos que… interés personal.»

«¿Interés personal?… Ja»

Irene soltó una risa hueca.

Mostró una fuerte hostilidad mientras ocultaba a los niños inconscientes a sus espaldas.

«Así que quieres hacernos tus esclavos, ¿eh? Eres igual que la escoria que dirige esta casa de subastas.»

«No exactamente. La esclavitud no es lo mío.»

«Entonces… ¿Qué? ¿Taxidermia?»

«Dios mío. Qué imaginación tan peligrosa tienes.»

Lo negué suavemente.

«Simplemente busco amigos.»

Una sonrisa siniestra se dibujó en mi rostro.

Intentaba contenerme lo mejor que pude, pero parecía que los rasgos de mi poder eran más fuertes de lo que pensaba.

Ya había adoptado la imagen de un villano perfecto.

Para otros, esto debía parecer la imagen de un chico que se acerca a un futuro héroe, para corromper su alma noble con la oscuridad primordial.

Irene dudó, como si notara que algo no iba bien y no supo como responder.

«Ser cauteloso es bueno, pero por desgracia, no tenemos mucho tiempo.»

«¿Qué quieres decir con eso?»

«Los guardias que custodian la casa de subastas vendrán pronto.»

Solo me había encargado temporalmente de ellos. No pasaría mucho tiempo antes de que la casa de subastas se diera cuenta de que algo iba mal. 

Necesitábamos salir antes de que las cosas se compliquen más.

«Es hora de elegir.»

«…»

«Puedes quedarte en este pozo de desesperación, o puedes tomar mi mano y escapar.»

Aunque lo presenté como una elección, en realidad no había opción.

El destino había sido cruel con ella. 

Este lugar era la peor casa de subastas del Imperio, el Apple Tree. Por mucho potencial que tuviera Irene como futura Santa de la Espada, seguía siendo solo un brote en flor que no había florecido.

Además, defenderse de todos los guardias mientras protegía a los niños era nada menos que un suicidio.

«… Ja.»

Irene soltó una risa hueca. Parece que había aceptado la realidad. 

Si no me elegía, solo la muerte la esperaba.

«Nunca tuve elección.»

Con un suspiro resignado, extendió la mano con cautela, aceptando mi oferta.

«No confío en los humanos. Sé lo vil y cruel que puede ser su especie.»

«¿Ah, sí? ¿Hablas por experiencia?»

«… Es un pasado que ya he olvidado.»

Irene se mordió los labios, al recordar aquellos momentos dolorosos que había vivido. Sus ojos brillaban con un aura venenosa.

Un odio profundo seguía latente en su interior.

Y aun con su vida en juego, hacía todo lo posible por no provocarme, esas emociones tan intensas eran difíciles de ocultar.

No me sorprendió su reacción. En las primeras etapas de la historia original, Irene sufría una profunda desconfianza hacia los humanos, así que no tenía motivos para guardarle rencor por no confiar plenamente en mi amabilidad. 

«Puedes seguir desconfiando de mí.»

Al fin y al cabo, domar a alguien lleva tiempo.

Estaba dispuesto a esperar.

Irene, que había quedado rígida por mi actitud despreocupada, me agarró la mano mientras murmuraba en voz baja.

«… Espero no arrepentirme de esta elección.»

«Estoy seguro de que no.»

Vivo para tu amanecer.

A medida que pasan los días y tu estrella brille cada vez más, formaremos una conexión mucho más profunda.

Hice este voto en mi mente.

Agarré suavemente la mano temblorosa de la chica.

Aunque ahora su mano temblaba lastimosamente, algún día sería capaz de cortar el cielo.

«De verdad… ¿No le harás daño a los niños?»

«Soy alguien que cumple su palabra.»

«Si mientes…»

«¿Si miento?»

«Me aseguraré de que te arrepientas. Dedicaré mi vida a la venganza.»

«¡Jaja! ¡Eso suena emocionante!»

Sonreí juguetonamente.

Mientras charlábamos, el sonido de armaduras chocando resonaba desde fuera del pasillo. Los guardias se acercaban.

«Es hora de irnos.»

«¿Pero cómo vamos a escapar? Sé que eres fuerte, pero contra todos ellos…»

«Shh.»

Detuve la pregunta de Irene.

Irradiando una atmósfera misteriosa, guiñé un ojo.

«Es un secreto.»

Si revelo demasiado en nuestro primer encuentro, se aburrirá rápido.

Con una sonrisa traviesa, chasqueé los dedos.

*¡Snap!*

Inmediatamente, las sombras que acechaban en el pasillo comenzaron a retorcerse.

Como criaturas vivas, las sombras oscuras giraron a nuestro alrededor, envolviéndonos en una densa oscuridad.

En el siguiente instante, la serpiente y los zorros desaparecieron.

Todo lo que quedaba en el pasillo era un tenue rastro de sombra.

La fuga había sido un éxito.

***

La noche tensa finalmente pasó y llegó un nuevo día.

Cuando pasó la mañana y el sol estaba alto en el cielo, me encontraba sentado tranquilamente en una silla.

«Hmm.»

La imagen familiar ante mí era la habitación en la que había estado los últimos días mientras me preparaba para el examen de la academia. Era espaciosa, casi tan grande como una mansión, y cómoda.

Todo era como siempre.

«Uuugh…»

Bueno, excepto por una cosa.

«H-Hermana… Tengo miedo.»

«¿Nos van a vender a gente mala? ¿Vamos a morir?»

*¡Sniff!*

Los zorros se acurrucaban en la esquina de la sala, temblando de miedo.

Habían estado así desde que despertaron.

«¿Cuál podría ser el problema… eran como ángeles cuando dormían.»

Después de la huida, cuando volvimos al alojamiento, todos estaban dormidos.

Supuse que era por el agotamiento de sus duras vidas en la casa de subastas.

Incluso Irene, que pareció resistirse un poco, se durmió poco después.

Debieron de haber pasado por mucho.

‘Aun así, es un poco decepcionante.’

Yo mismo había trasladado a cada uno a una cama e incluso los arropé con mantas. 

Y sin embargo, en cuanto despertaron, estaban en máxima alerta. 

Los niños que me miraban a los ojos parecían a punto de romper a llorar.

‘¿De verdad tengo un aspecto tan siniestro?’

Me sentí un poco triste.

Juzgar a la gente por la apariencia… Qué mundo tan perverso.

«… Lo siento. Los niños están montando un escándalo, los tranquilizare.»

Irene intentó calmar a los niños, con una voz ligeramente temblorosa mientras me dirigía una mirada nerviosa.

Parecía que seguía desconfiando de mí.

Acercarse a ella no sería fácil.

«¿Por qué te esfuerzas tanto en consolarlos?»

«Si siguen llorando… Podrías matarlos por ser una molestia.»

«¿Eh? ¿Qué tipo de personas crees que soy?»

«… Un psicópata.»

La respuesta fue más directa de lo que esperaba.

Eso me dolió un poco.

Bueno, supongo que no podía negarlo después de lo que le mostré ayer.

Sonreí amargamente.

«Déjalos llorar. Se calmarán solos.»

Reprimir las emociones solo empeora las cosas.

Como las emociones no se pueden controlar a voluntad, detuve a Irene.

‘Pobres niños.’

Eran estrellas que deberían haber brillado intensamente, pero la codicia de los adultos las había apagado.

Habían caminado por un sendero espinoso sin libertad durante demasiado tiempo.

Esperaba que ahora que eran libres, pudieran llorar a su antojo.

«Si esperas un poco más… se calmarán solos.»

«Esta bien.»

Irene se retiró en silencio.

Parecía confundida por mi amabilidad, fruncía el ceño como si no pudiera entender mis intenciones.

‘Jeje.’

Sonreí en silencio.

Tras esperar un momento, el llanto cesó y un nuevo sonido llegó a mis oídos.

*Growl.*

Era el sonido de los estómagos de los niños.

Los niños estaban hambrientos. Y tenía sentido, considerando que la casa de subastas probablemente no les había dado comida adecuada en estos tres meses.

«Hermana… Tengo hambre.»

«Yo también…»

«¿Qué hacemos?”

“… Saldré a buscar algo de comer.»

«¿No es peligroso…?»

«No quiero que la hermana mayor esté en peligro…»

El contenido de la conversación me llegó débilmente al corazón.

Incluso con hambre, los niños se preocupaban por Irene. Eran niños encantadores.

Sonreí y decidí intervenir.

«Parece que quieren comida, ¿eh?»

Irene se estremeció pero asintió.

«… Así es. Llevamos demasiado tiempo sin comer bien.»

Detrás de ella, podía ver a los niños en un estado débil.

«Hmm…»

Me acaricié la barbilla, pensando un momento antes de mover el dedo con indiferencia.

«Quizá no debería haberte traído.»

«¿Qué…?»

«Quiero decir, los niños así… son un poco molestos.»

Tras mis palabras dichas con naturalidad, el aire a nuestro alrededor se volvió frío.

«Tendré que… lidiar con ellos.»

«… ¿Qué intentas hacer?»

Irene se tensó, fulminándome con la mirada mientras todo su cuerpo entraba en estado de máxima alerta. Los niños, percibiendo la tensión, contuvieron la respiración, temblando.

Les sonreí .

«No quería llegar a esto, pero… es culpa tuya por hacerme pasar por todo esto.»

‘Este es el momento perfecto para probar eso’

‘De todas formas, ya me estaba aburriendo.’

‘Vamos a jugar un poco con ellos.’

Murmuré para mí mismo mientras abría un cajón cercano.

Lentamente saqué algo con cuidado de forma deliberada.

«…!»

«…?!»

Los zorros miraron con asombro y horror lo que había sacado.

Pero incluso ante sus reacciones aterrorizadas, simplemente sonreí cruelmente.

«No tengas miedo. Esto te va gustar, te lo prometo.»

Susurró la serpiente en voz baja.

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