Capítulo 5: Zorro (1)

( Nota del Traductor: Estimados lectores, les informo que he hecho cambios a algunos nombres: El mundo del pequeño Príncipe → El mundo del Principito y Santo de la Espada → Santa de la Espada. Actualizaré los capítulos anteriores más tarde.)

«El mundo del Principito.»

Un juego de RPG de acción basado en el famoso cuento de hadas.

Los desarrolladores se inspiraron en la obra original para conservar su encanto único, al mismo tiempo que añadieron varios elementos nuevos.

Había varias cosas nuevas como; escenarios, habilidades y nombres, pero lo que más destacaba eran los ‘personajes’.

Los personajes principales y secundarios del cuento original fueron reinterpretados y transformados en personajes de estilo fantástico. 

Esta nueva interpretación recibió un gran reconocimiento y aplausos. Entre estos personajes estaban:

El Piloto → Legia Pilots

El Principito → Charlotte Little von Stauffen

El Borracho → Selena Drunkard

Como sugieren los nombres, estos personajes se aferraban obsesivamente a sus conceptos originales.

El ‘Zorro’, el que había venido a rescatar, no fue una excepción.

El Zorro → Irene Foxys

Conocida por ser una rara mujer bestia zorro y uno de los personajes secundarios.

Su talento con la espada era extraordinario, y más adelante en el juego llegó a obtener el título de “Santa de la Espada”.

Ella es un personaje poderoso y de gran utilidad, hasta el punto en que los jugadores la consideraban como una compañera confiable.

Sin embargo, en este momento no era más que un diamante en bruto sin pulir, pues Irene todavía no había despertado su talento.

Si la ayudo ahora, me haría ganar su favor y su confianza en el futuro.

Lo que encajaba perfectamente con mi objetivo de ver un final feliz en este mundo y hacerme amigo de los personajes principales. 

Como fan apasionado del juego original, quería interactuar con cada uno de ellos.

«Bueno entonces~. Es hora de actuar, ¿no?»

He esperado lo suficiente y ya me canse de ver la subasta. Es hora de pasar al evento principal. 

Con un suspiro, me levanté de mi asiento dejando atrás mi monólogo.

La ubicación actual de Irene era el sótano de la casa de subastas. 

Probablemente estaba encerrada en una celda de hierro frío, esperando su turno.

«Esta noche va a ser larga.»

Una sonrisa pícara se extendió por mi rostro mientras preparaba mi habilidad, y luego caminé hacia la oscuridad.

***

Mientras tanto, en el sótano de la casa de subasta.

En una celda fría y lúgubre, la desesperación permanecía oculta bajo las risas y el bullicio de la sala de subastas de arriba, donde la luz y la oscuridad vivían juntos en un mismo lugar. 

Cuanto más brillante es la luz, más oscura se vuelve la sombra.

Este dicho representa directamente la realidad.

Quienes disfrutaban del lujo y el capricho se deleitaban en su alegría, mientras que los que estaban bajo sus pies solo podían sentir sufrimiento.

La vida era difícil para ellos, pero incluso en el sufrimiento, algunos lo pasaban peor que otros.

Estaban las clases altas que disfrutaban de la vida sin ningún tipo de dolor, y los que estaban en el fondo, sin ni un atisbo de esperanza..

«……»

Las personas atrapadas en ese sótano estaban en el fondo.

Ya fuera porque habían nacido destinados a eso, o porque la crueldad del mundo los había empujado hasta allí, al final daba igual. Ellos eran menos que basura, ni siquiera dignos de comparación con los vagabundos.

«¿Qué salió mal?» murmuró una chica entre ellos, atrapada en la misma situación miserable, su largo cabello recogido, que le llegaba hasta la cintura, estaba despeinado.

De cabello carmesí, con ojos oscuros y vacíos de vida. 

Quedaba claro que no era humana, ya que tenía orejas de animal sobre su cabeza.

Esta chica era Irene Foxis, una mujer bestia zorro.

“¡Va empezar la siguiente subasta! ¡Saquen a los hombres bestias zorros!

«¡Trátalos con cuidado! ¡Cualquier daño reducirá su valor!»

“¡Si se daña, el jefe se va volver loco!”.

Las voces ruidosas a su alrededor zumbaban en sus oídos.

Irene se mordió el labio, ya que a su alrededor podía ver una docena de figuras de hombres bestias encerrados en la misma prisión, temblando de miedo.  

Todos los hombre bestias tenían orejas y colas de zorro.

Así  como ella, todos habían sido secuestrados o vendidos por traficantes de esclavos.

‘Maldita sea.’

‘¿Qué les pasaría ahora?’

Tener esperanza era inútil. Ya sabía como acabaría esto.

Los hombres bestias zorros, son extremadamentes raros y especialmente apreciados en el mercado negro. Eran considerados artículos de lujo de la más alta calidad, vendidos a precios exorbitantes.

Las formas en que los nobles usan a los zorros varían mucho. 

Algunos los hacen trabajar, otros los usan como esclavos sexuales. 

Incluso había oído rumores de que algunos nobles los tenían disecados y exhibidos en sus mansiones.

‘Sea cual sea… es todo el mismo infierno.’

La chica maldijo en silencio en voz baja, imaginando su futuro sombrío. Pero justo entonces, escuchó un ruido desconocido.

*¡Estruendo!*

Se escuchó el sonido de algo metálico cayendo al suelo.

Siguiendo el sonido, Irene giró la cabeza y vio un fajo de llaves rodando frente a los barrotes de su celda.

«… ¿Eh?»

‘¿Los dejó caer el guardia?’

Las llaves estaban al alcance de la mano. Tras un momento de duda, Irene los tomó rápidamente.

Su corazón empezó a latir con fuerza. Esta podría ser su única oportunidad de escapar.

Sin pensarlo dos veces, su mano se movió rápidamente hacia la cerradura de la celda, sintiendo un leve destello de esperanza.

*¡Clic!*

Pronto, sintió cómo la cerradura se abría. Irene entreabrió suavemente la puerta de la celda.

Un suave suspiro escapó entre sus labios.

‘Tengo que tener cuidado.’

Los guardias eran menos de lo habitual, probablemente ocupados con la preparación de la subasta. Si iba a actuar, tenía que ser ahora. No habría una segunda oportunidad.

No habría un segundo golpe de suerte.

Irene respiró hondo y rápidamente reunió a sus compañeros cautivos para preparar un escape silencioso.

«No se preocupen. Los protegeré a todos.» susurró la chica, forzando una sonrisa tranquilizadora mientras se dirigía a los demás. 

La mayoría de los que estaban en la celda eran niños pequeños. No podía huir sola mientras ellos se quedaban atrás, llorando y temblando de miedo.

«Pero tienes que seguir en silencio… ¿vale?»

Recogió una vieja espada oxidada que estaba en la esquina. No era mucho, pero era mejor que nada.

Irene sujetó con firmeza la espada y se preparó para escapar.

*Eeeeeek…*

La puerta de la celda chirrió al abrirse por completo. 

Los pequeños hombres bestia zorro comenzaron a salir de la celda con cautela.

De pronto, la mente aguda de Irene tuvo una idea.

Lanzó el manojo de llaves hacia una celda lejana donde recordaba que estaban retenidos los hombres bestias osos.

‘¡Si pueden hacer una pequeña distracción, aunque sea un poco de tiempo… podremos escapar!’

Entre los hombres bestias, los osos eran conocidos por ser especialmente feroces. Si encontraban las llaves y causaban caos, los guardias serían atraídos. 

‘Puedo encargarme de los pocos que quedan aquí.’

Había entrenado esgrima desde pequeña. Aunque su cuerpo estaba debilitado por el tiempo en cautiverio, apretó los dientes y se preparó para la huida.

Irene bajó la postura y contuvo la respiración. 

Como un zorro esquivando a un cazador.

Tras pasar un tiempo así, se oyó rugido atronador que resonó desde la dirección en la que había lanzado las llaves.

*¡¡¡GUAAAAO!!!*

Irene al intuir que su plan había funcionado, condujo a los niños hacia adelante.

“¡Todos, corran! ¡No miren atrás!”

Detrás de ellos, se escucha el rugido de las bestias y las pisadas pesadas que sacudían el suelo, pero aun así, todos continuaron corriendo sin mirar atrás.

De vez en cuando, se encontraban con guardias que les bloqueaba el camino, pero cada vez, Irene los cortaba sin dudarlo.

Era como una danza de espada desesperada por la matanza.

Con una hoja empapada en sangre no mostró vacilación.

Sabía que si no mataba, sería ella quien muriera.

«¡Ha, ha…!»

Su respiración era entrecortada.

Su cuerpo estaba en mal estado y el cansancio se acumulaba rápidamente.

Aun así, Irene logró recuperar el equilibrio.

Por suerte, su escape iba bien.

Los osos ofrecieron una resistencia aún más feroz de la que había anticipado, dándoles tiempo de sobra para escapar.

«¡Hup…!»

Irene blandió su espada con un grito corto y logró someter a otro de los guardias.

Quizá porque la llevaban al límite, sus sentidos se sentían extremadamente agudos.

De pronto, un extraño temblor rodeó todo su cuerpo.

Su visión se volvió blanca y chispas extrañas parpadeaban de su espada, pero Irene las ignoró.

No había tiempo para distraerse.

«¡No paren! ¡Sigan por ese pasillo!»

La salida estaba justo delante de ellos.

Durante su encarcelamiento, había memorizado cuidadosamente la estructura del lugar preparándose para una oportunidad así.

Gracias a eso, Irene pudo avanzar por la ruta de escape más ideal.

‘Ya casi llegamos.’

El pasillo era estrecho, pero conducía a una escalera que les llevaría a la superficie.

La esperanza brillaba en los ojos de Irene.

Había sido un plan imprudente, pero parecía que su plan iba a tener éxito.

Pero entonces, una voz resonó detrás de ella.

«Ahaha~ Tienen bastante prisa por escapar, ¿verdad?»

El cuerpo de Irene se detuvo, su columna se erizó mientras un escalofrío helado recorrió su espalda. 

En ese momento supo al instante que, de no haberse detenido, habría muerto.

«……»

«¡Sabía que si esperaba aquí, me encontraría contigo!»

¿Qué era esa presencia abrumadora? Solo sentir la figura detrás de ella llenaba su mente de un dolor insoportable.

Poco a poco, Irene giró la cabeza, sus ojos abiertos y aterrorizados se fijaron en el chico que estaba detrás de ella.

«Encantado de conocerte.»

Cabello rubio que recordaba a un campo de trigo, ojos entrecerrados y una sonrisa siniestra. 

A primera vista, parecía un chico normal, aunque con un aspecto extraño.

Pero para Irene, cuyos sentidos estaban al límite, podía notarlo.

La presencia que tenía delante no era humana. Simplemente vestía ropa humana, pero su esencia era completamente diferente.

«Probablemente no te imagines cuánto he querido conocerte.»

Una sensación ominosa llenó todo el espacio.

Solo con la mirada podía sentir que le iban a arrancar las extremidades.

Era un «monstruo» con un poder terrible.

«… Ja.»

Una risa hueca escapó de los labios de Irene.

Este monstruo finalmente había revelado su verdadera naturaleza, dirigiéndose hacia ella y los demás.

«Maldición.»

El aire opresivo la envolvía, haciéndola sentir cada vez más asfixiada mientras murmuraba por lo bajo.

“Se acabó”.

Sus ojos, que brillaban de esperanza, ahora estaban teñidos de una desesperación negra como la zanga.

***

«Probablemente no te imagines cuánto he querido conocerte.», dije, con la voz llena de alegría mientras miraba a la chica temblorosa frente a mí.

Su largo cabello recogido, que brillaba con este tono carmersi, contrastaba con sus ojos negros. La cicatriz bajo su barbilla, y las orejas y cola de animales que la marcaban como una mujer bestia la hacían inconfundible.

‘El Zorro, Irene Foxys.’

Uno de los personajes de la obra original estaba frente a mis ojos.

Contuve silenciosamente mi emoción.

Primero Legia, y ahora Irene.

Ver con vida, justo frente a mis ojos, a un personaje del juego que siempre me había encantado fue increíblemente emotivo.

Lo suficiente como para sacarme las lágrimas. 

No pude evitar sonreír.

«Jaja.»

La alegría era abrumadora, mi sonrisa se negaba a desaparecer de mi cara. Conteniendo la risa, le hice una pregunta significativa a la chica.

«¿Has disfrutado del escenario que preparé para ti?”

Sus ojos negros vacilaron miserablemente cuando nuestras miradas se cruzaron brevemente.

Su agotamiento era palpable, pero podía notar que se había dado cuenta de que la situación que enfrentamos había sido planificada desde el principio.

‘Es rápida para entender, eso se lo reconozco.’

Las otras bestias zorros habían logrado escapar con éxito, o al menos eso creían.

Desde la llave del guardia que «accidentalmente» dejó caer la llave, la espada oxidada convenientemente colocada y el número curiosamente bajo de guardias.

Todo formaba parte del plan. Los zorros creían que era pura suerte, pero eso estaba lejos de la realidad.

«Seguiste el guión que te dí a la perfección.»

Por desgracia para Irene, todo lo orquestaba yo. Las cosas que ella pensaba que eran bendiciones de la fortuna no eran más que elementos que yo había preparado cuidadosamente.

Mientras deambulaba por la zona subterránea de la casa de subastas, me encontré con uno de los guardias y usé mi habilidad para manipularlo.

 «Necesitaré que hagas algunas cosas por mí.»

Le había instruido que dejará caer las llaves sutilmente delante de la celda y que dejará una espada que Irene pudiera usar, aunque tenía que ser vieja y oxidada para no levantar sospechas.

La situación transcurrió exactamente como había planeado. Aunque fue un plan que se me ocurrió en el momento, quedé bastante satisfecho por cómo se desarrolló. 

Fue un éxito, aunque la energía de mi habilidad *Mentiroso* se había utilizado al máximo.

«Por aquí, por favor.»

Ya había puesto a dormir a los guardias restantes, usando mi habilidad,  así que no había necesidad de preocuparse por ellos durante un tiempo.

Ahora, de verdad, era hora de escapar. 

Elegantemente extendí la mano a Irene, ofreciéndole mi ayuda para salir de aquí.

Por un momento pareció dudar, pero luego se desplomó en el suelo.

‘¿Que paso? ¿Llegó a su límite?

Mientras inclinaba la cabeza confundido y miré a la joven, quien de pronto habló.

«Tú… ¿Planeas matarnos, verdad?»

«¿Qué?»

«Todo parecía demasiado sencillo. Todo esto fue una trampa para jugar con nosotros desde el principio.»

«¿Eh?»

Su pregunta me pilló desprevenido. 

Negué rápidamente con la cabeza para negar sus palabras y le expliqué mis verdaderas intenciones.

«Jaja~ ¿Por qué piensas eso? ¡Solo estoy aquí para asegurarme de que todos escapen sanos y salvos!»

«……»

El rostro de Irene se endureció, su expresión inescrutable.

Al notar que su malentendido se profundizaba, le mostré una sonrisa radiante, intentando tranquilizarla.

«No te preocupes. No te haré daño.»

Bueno, quizá me divertiría un poco por el camino.

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